Necesitamos política económica: economía para los ciudadanos

EPA 2013

La publicación de  la Encuesta de población activa  con los datos globales de 2013 y los de su último trimestre, nos sigue ofreciendo un panorama escalofriante. 5.896.300 de conciudadanos desempleados y 1.832.000 familias sin ningún ingreso derivado del trabajo sitúan a España como la nación desarrollada con un mayor índice de personas y familias privadas del derecho al trabajo y, por tanto, de los ingresos y  la estabilidad material y emocional que su ejercicio debe proporcionar. Un drama  compuesto por millones de historias personales de sufrimiento, carencia, perdida de autoestima, dolor emocional, inseguridad, desestructuración del entorno social, desarraigo, desesperanza… Y los datos permiten deducir algo quizás incluso más significativo de nuestro fracaso colectivo. El número de parados ha disminuido en 65.000 y, sin embargo, el número de ocupados también ha disminuido,  en 199.000. ¿Cómo es posible? Porque hay 267.000 personas menos pretendiendo un empleo. Lo que esto refleja es una huida de los ciudadanos en condiciones de trabajar bien de su país, bien de la esperanza de encontrar un empleo.

Pues bien, estos datos le permiten afirmar a nuestro gobierno que la recuperación está en marcha y se traducirá, en algún momento, ¿? en creación de empleo. ¿Cómo podemos despejar la interrogante que dejaba en la frase anterior? Si efectivamente estamos iniciando un ciclo de crecimiento y no se atravesasen coyunturas que lo cortasen, con suerte, según las previsiones de expertos y organismos, en 10 años quizás estaríamos en cifras de desempleo cercanas a los países de nuestro entorno. ¡Ese es el objetivo del gobierno! Someter a millones de personas a  años de pobreza, exclusión, falta de oportunidades, expulsión, por tanto, de su condición de ciudadanos. ¿Podemos admitir tal cosa? ¿No es esto una ruptura del pacto y el mandato de representación por el que gobiernan en nuestro nombre?.

Pero esto es en el mejor de los casos. Tal como señala Krugman, es posible que nos enfrentemos a un “estancamiento secular”. Es un escenario que presentó Larry Summers ( otro prestigioso economista) ante una institución tan poco sospechosa de antisistema como el FMI. Si mi interpretación no es errónea – y enlazo con los datos de desigualdad que refería en mi anterior artículo) ocurre que la riqueza se acumula en muy poquitas manos. Ocurre que todo el beneficio de lo que se produce acaba en una superélite. Ocurre que a las rentas del trabajo les corresponde cada vez menos parte del pastel, disminuyendo su poder adquisitivo actual y su seguridad ante el futuro. Ello nos aboca a una demanda persistentemente baja. La falta de demanda deprime la economía: impide la producción y desincentiva la inversión. El empleo cae y su oferta se mantiene permanentemente muy por debajo de su demanda lo que, unido a la debilidad de los sindicatos, implica reducción de salarios, de rentas del trabajo y de demanda. Una espiral depresiva que sólo tiene ciclos ascendentes cuando el capital que acumula la élite ve posibilidades de beneficio en un sector o un país. Entonces se abalanza sobre esa posibilidad autocumpliendo su previsión y generando una burbuja, único momento de crecimiento claro y creación de empleo….hasta que estalla.

Estas son las alternativas… , siempre que nuestros representantes hagan dejación de la política, permitiendo el movimiento libre del mercado e interviniendo exclusivamente para desnivelar aun más el terreno de juego a favor de las élites. Sin embargo, SÍ es posible otra política económica. Se que me repito; pero también se que es imprescindible. Reconozco mis limitaciones, pese a que le pongo dedicación a tratar de aprehender la situación y pergeñar alternativas; pero soy un ciudadano consciente de que los cambios son necesarios y de que la economía debe aporta soluciones. O la política económica sirve para que TODOS  los ciudadanos tengamos acceso a condiciones materiales de vida dignas o los políticos están incumpliendo el pacto y los ciudadanos hemos de revolucionar y revertir la situación. Hemos aprendido que la economía es progresivamente compleja y más nos vale no querer saber de su ingeniería y sus mecanismos; que el dinero es la sangre del sistema; que el sistema financiero y bancario ha de mantenerse cueste lo que cueste; que los ejecutivos que lo gobiernan han de ganar todo y más porque sustentan la estructura… Es hora de desaprender, como expresa Juan Carlos Monedero*. Es tiempo de desaprender que sólo me salvaré buscando mi propio beneficio, de desaprender la falacia del goteo de arriba abajo: fomentemos que acumulen los de arriba para que vaya calando la riqueza.. y lo que cala es la miseria. Desaprender nos va a reubicar en nuestra autoestima. Vamos a recuperar el valor de la cooperación y de la compasión, que son elementos constituyentes de nuestra especie en una medida al menos igual al egoísmo. Somos hijos de aquellos grupos humanos que fueron capaces de compartir, de cooperar para vencer su vulnerabilidad, no de los más fuertes o los más individualistas.

Lo que propongo es compartir. Redistribuir el trabajo y los bienes y servicios que generemos. Creo que una política económica en España, diseñada desde principios éticos, a favor de los derechos de los ciudadanos, pero sin perder de vista las enseñanzas económicas del laboratorio de la historia, debería:

– Aumentar sustancialmente la presión fiscal desde planteamientos progresivos, haciendo recaer el incremento de ingresos públicos en los grandes patrimonios, las grandes rentas no empleadas en inversión productiva y el fraude, incluso el actualmente no ilegal, del gran capital.

-Equilibrar la balanza comercial y la seguridad mediante una política agrícola y, sobre todo energética e industrial  que incentive la inversión en esos sectores y aumente tanto el porcentaje de riqueza como de empleo en ellos.

– Aumentar, y blindar en términos de porcentaje de riqueza nacional, el gasto público en sanidad, educación, investigación y atención a la infancia, la familia y la dependencia hasta igualarlo con el de los países más avanzados; estos sectores permiten redistribuir riqueza vía prestación universal de servicios, ofrecer bienestar y seguridad, garantizar el progreso en calidad de vida y son altamente demandantes de trabajo.

– Establecer una jubilación digna universal, desvinculada de la cotización (lo que liberaría los costes sociales de la producción de bienes y servicios, ya que pasarían a financiarse, como el resto de políticas apuntadas, con el aumento de recaudación)  y una renta básica de ciudadanía, con independencia del tiempo trabajado anteriormente.

– Y garantizar el pleno empleo mediante un sistema de reducción del tiempo de trabajo y redistribución.  ¡¡Es posible!!

* MONEDERO,J.C. Curso urgente de política para gente decente. Barcelona. Seix Barral.2013. pp 45-46

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