La economía es política

Las decisiones de política económica afectan a la vida de los ciudadanos. Y la falta de decisiones también.

En los últimos días se han publicado algunos estudios e informes que ilustran y documentan situaciones sobre las que cabe atribuir una responsabilidad determinante a las políticas económicas. Me refiero, en concreto, a “Gobernar para la élites. Secuestro democrático y desigualdad económica” de Intermon Oxfam y ” 2.826.549 razones. La protección de la infancia frente a la pobreza: un derecho, una obligación y una inversión. de Save the Children . Son documentos que refieren la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza, tanto a nivel mundial como en el seno de los países, sean o no desarrollados, y sus dramáticas consecuencias en términos de sufrimiento, muerte, falta de oportunidades, ausencia de derechos y dignidad… , en particular para nuestros congéneres más desvalidos. Estos estudios no retratan realidades nuevas, pero las hacen visibles y tengo la sensación de que han tenido más repercusión que otros anteriores de contenido similar. La primera entrada de este blog se refería a la desigualdad como madre de todos los males. Desde luego, estos asuntos no me resultan indiferentes. Es cierto que tenemos la tendencia de buscar y centrar nuestra atención en las opiniones que confirman y refuerzan las nuestras. En este caso no se trata sólo de argumentos . Son datos, son hechos y son inaceptables. Esto es incuestionable. Pero, además las propuestas que ofrecen se alinean con algunas de las plasmadas en este blog y, sobre todo, en trabajos y artículos de gente con absoluta solvencia, algunos de los cuales he ido enlazando. Creo que revertir estas situaciones es necesario y es posible.

Volviendo a los estudios referidos, quiero resaltar la claridad con la que afirman y argumentan, desde sus propios títulos, que las situaciones a que se refieren son generadas por la política  y pueden revertirse desde la política: con políticas diferentes. La desigualdad extrema en la distribución de la riqueza y las rentas es causa de sufrimiento, de desequilibrio e ineficiencia económicos, del sesgo favorecedor de la propiedad y la riqueza en la legislación en general y la regulación fiscal en particular, de la erosión de la gobernanza democrática, del recelo hacia el diferente y la profundización de otras desigualdades de sexo, raza o procedencia. Es, en definitiva, causa del secuestro de los derechos por los intereses de las élites. Y la causa del incremento de la desigualdad son las políticas económicas. Esta es la idea que pretendo autoafirmarme y trasmitir con este artículo. No es el determinismo del mercado. Es la desregulación, que se adopta políticamente y la regulación en favor de quien más tiene, que es igualmente política. Ahora lo grita Oxfam, apoyándose en datos de tal desmesura como este: la riqueza del1% de la población más rica del mundo es 65 veces mayor que la que posee la mitad más pobre. Es igualmente la tesis de J. Stiglitz en ” El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita”. Vicenç Navarro  lo señala con claridad en muchos de sus artículos; dejo enlazado uno reciente. Y tantos otros cuya visibilidad mediática es casi nula. Se transmite, sin embargo, la idea de que hay un triunfo de la economía sobre la política, como si la primera fuese un ente autónomo e incontrolable y la política, el gobierno de lo común, aun luchando contra ella, nada pudiese hacer por evitar sus desmanes. Es fácil hacernos caer en la desesperanza y la dejación cuando nos sentimos impotentes ante una fuerza ciega, ingobernable y enormemente potente. Pero no es verdad. La economía es política. Son la decisiones políticas o su ausencia las que determinan, al menos en parte, la producción de riqueza y, sobre todo su distribución.

Tras siglos de evolución cultural hemos llegado a autodotarnos de derechos para comprometernos con la felicidad individual y social. Una premisa en ese compromiso y, por tanto, un derecho básico es la garantía de condiciones materiales dignas de vida y de seguridad en que se mantendrán en el futuro. El desarrollo de la ciencia y la técnica nos han conducido a un tiempo en el que esa garantía es posible para todos los hombres hoy y sostenible para generaciones futuras, contando con que el progreso del conocimiento y la técnica lo seguirán haciendo posible. A la política económica le corresponde implantar las fórmulas para incentivar que sea efectiva la producción sostenible de los bienes y servicios necesarios y, sobre todo, que su distribución llegue a todos los hombres. Y el gran problema de la economía no es la mano ciega del mercado, sino las políticas económicas dictadas en su beneficio por esa élite que acumula la riqueza que  el resto de la humanidad necesita para tener la oportunidad de ejercer sus derechos, vivir con dignidad y buscar su camino de felicidad.

No nos dejemos engañar por tecnicismos. No escuchemos sólo los discursos dominantes. La cosa es tan sencilla como promover que la riqueza que necesitamos la generemos entre todos en condiciones dignas y llegue a todos en cantidad suficiente para garantizar unas condiciones de vida dignas. No podemos desistir, no podemos desesperar de la política ni hacer dejación de ciudadanía.

Se que es osado por mi parte señalar qué hay que hacer, pero no voy a caer en la inibición del “esto es muy complicado”, “yo de esto no entiendo” a la que tratan de abocarnos con el discurso oficial y el “pan y circo” (cada vez menos pan y más circo) de los eventos deportivos y las cortinas de humo. Ya en otras entradas de este blog y en otros foros he apuntado algunas ideas, la mayor parte de las cuales tomadas o contrastadas de gente que de esto sabe mucho más que yo. Stiglitz titula el último capítulo de su libro citado “El camino a seguir. Otro mundo es posible” El informe de Oxfam finaliza con el epigrafe “Recomendaciones” . Vinceç Navarro, junto a Juan Torres y Alberto Garzón publicaron en 2011 “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España” … En todos los casos se proponen medidas de política económica con el objetivo de garantizar los derechos de los ciudadanos, no el crecimiento económico o el beneficio y, que no nos quepa ninguna duda, son posibles. Hemos de establecer un sistema de gobernanza universal de la economía global. No es imposible, ya se hizo en Bretton Woods en 1944. Mi admirado J.A.Marina, junto a María de la Valgoma proponían en “La lucha por la dignidad. Teoría de la felicidad política” la promulgación de una Constitución Universal para que toda decisión, tanto de un futuro sistema de gobierno global como de las políticas nacionales, se ajustase al marco de los derechos de los individuos. Hay que acabar con los paraisos fiscales. Hay que construir y armonizar una fiscalidad progresiva sobre rentas y patrimonios. Hay que garantizar y blindar los servicios esenciales: asistencia sanitaria, educación, protección social. Hay que fijar y blindar un salario digno para todos los trabajadores. Hay que desmontar los sistemas institucionalizados de presión de las élites sobre la política. Hay que regular y fiscalizar el mercado financiero. Hay que igualar los derechos y oportunidades de las mujeres. Hay que revertir toda política que suponga una transferencia de riqueza de quien tiene menos a quien tiene más. Hay que distribuir equitativamente, tanto la riqueza como su producción. Es posible.

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