Una de judiones…. que no será la última

Voy a dedicar esta entrada a una iniciativa practica, a un proyecto real que, estoy seguro, va a generar unos cuantos puestos de trabajo, esto es, la oportunidad de  que unos cuantos conciudadanos se sitúen en condiciones de construir su refugio en la intemperie, de buscar su felicidad. Procuro rastrear en el laboratorio de la historia evidencias que aporten razón a mis razones. Espero que esta apuesta del judión acabe dándome la razón y me alegra enormemente su puesta en marcha.

judión de la Granja logo

Para empezar, estamos ante una iniciativa pública y social, promovida por un Ayuntamiento, el de mi pueblo, y un grupo de vecinos. Se trata, en pocas palabras, de aprovechar ventajas comparativas y recursos infrautilizados para crear riqueza y empleo. En concreto pretenden poner en cultivo y producir judiones en parcelas vacantes o de nueva roturación; impulsar la singularización del producto mediante una Marca de Garantía, gestionando la inclusión de productores, transformadores y comercializadores; envasar y quizá realizar elaboraciones y conservas; y comercializar aprovechando la imagen de calidad y el atractivo turístico consolidado del entorno. Tiene buena pinta, ¿verdad?. Dejo enlaces para acercarse con más profundidad al proyecto en su blog  o su facebook.

Las situaciones de dificultad cercanas vienen avivando mi interés por escudriñar las causas sociales, los mecanismos del sistema, que provocan tanto sufrimiento; e inevitablemente por imaginar creaciones para subvertir ese enorme fracaso colectivo. Desde hace ya algunos años vengo reclamando el impulso de iniciativas productivas, al menos desde que me resultó evidente el desequilibrio entre lo que generábamos y lo que demandábamos (un 10 % en 2007). Disponemos de capital humano sobradamente formado y con capacidad para reciclarse en el sentido que se necesite; vivimos en una parte del mundo suficientemente desarrollada, en infraestructuras, en acceso al conocimiento y la tecnología. Necesitamos impulso y financiación. Respecto del primero, y aun a riesgo de caer en pecado de heterodoxia, siempre he apuntado hacia las administraciones públicas. En cuanto a la financiación, la enorme brecha en el reparto de la riqueza facilita la posibilidad de buscar el capital donde lo hay, tanto con incentivos como con regulación, impuestos y lucha contra el fraude; y aun he señalado otra posibilidad: crear fórmulas para vincular a proyectos productivos el dinero disponible de ciudadanos dispuestos a invertirlo en esas acciones, sacándolo del mercado financiero, que hace de él un uso primordialmente especulativo. En ese esquema cabe un gran plan nacional liderado por el gobierno de la nación y pactado con los agentes sociales y cabe el pequeño proyecto local preferiblemente participado  por colectivos de vecinos y su Ayuntamiento.

Por el momento, este proyecto “judión de la Granja, marca de garantía”, se ha puesto en marcha y avanza, de la mano del Ayuntamiento del Real Sitio y con un grupo de vecinos implicados en él. Está fraguándose una asociación que, al parecer va a llamarse algo así como “Tutor del judión”, iniciativa de la que humildemente formo parte, que procurará dar soporte a la participación social en el proyecto. Tenemos el impulso, tenemos el recurso, tenemos capital humano, tenemos ventajas comparativas… y en cuanto a las necesidades de financiación habremos de ir buscando apoyos y las vías más adecuadas. Confieso que me encantaría poder comprobar que es posible la participación económica de una pequeña comunidad, como es un pueblo, en dar viabilidad a un proyecto que pueda ofrecer salidas laborales y vitales a algunos de sus vecinos. Yo, desde luego, estaría dispuesto a poner mi granito de arena. Si leyendo estas líneas os llama la atención la idea, os sugiero que sigáis atentos al desarrollo del asunto.

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Hagamos que sea posible

Pongamos que tenemos potencial suficiente para producir todo lo que necesitamos. De hecho lo tenemos. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué infligir ese sufrimiento innecesario a tanta gente?…

Porque el mercado no produce para cubrir necesidades, sino demandas.

Si se reduce la capacidad de compra, se reduce el consumo, si se reduce el  consumo, baja la producción, a menor producción, menor necesidad de trabajo y menos empleos, con menos empresas y trabajadores se reduce la capacidad de compra … ¿Cómo salimos?

Esto, que parece un círculo vicioso, es más bien una espiral; una espiral que se cierra progresivamente y que, en el caso de España, no acaba de estrangularse por el aumento de las exportaciones, ligadas a una depreciación interna centrada en la disminución de salarios. La ventaja de visualizar la situación como espiral y no como círculo es que en el análisis se puede buscar el origen, la causa, el punto de inicio.

Según el planteamiento señalado, parece que el origen está en la disminución de demanda. ¿Por qué partiendo de una situación de creación de riqueza en máximos (El PIB de 2008 en España fue el mayor de su historia) y una población creciente en número y necesidades, cae la demanda? Indudablemente por la desigualdad en la distribución de la riqueza, profundizada en los años de bonanza, y por el desequilibrio en la estructura de la producción, fruto igualmente de la desigual distribución de la riqueza, ya que la acumulación hace que el gasto se concentre en actividades especulativas, en el caso de España especialmente la inmobiliaria.

La enorme desigualdad, he ahí el origen y la clave.  Durante al menos dos décadas se ha sostenido el consumo y el empleo mediante el endeudamiento. Es en el análisis de la enorme masa de capital gestionada por los mercados financieros, su ingeniería, la desregulación y, en el caso europeo, los desequilibrios internos en la zona euro y la falta de mecanismos comunes donde se suele situar el origen. Es cierto, pero lo que alimenta ese monstruo financiero es la desigualdad. Es, sin duda, la causa de la causa y, por tanto, como sostiene el aforismo jurídico, la causa del mal causado.

Las consecuencias son intolerables: millones de personas (sólo en España) quedan excluidas de algunos de los derechos básicos de los que hemos determinado dotarnos como sociedad y que hemos declarado universales, porque de ellos depende la dignidad de cada individuo: el trabajo, la vivienda, ingresos suficientes para la alimentación, el vestido, la movilidad, la salud, la atención en situaciones de desprotección como la infancia, la enfermedad, la discapacidad, la senectud…

Si un solo ciudadano considera vulnerado su derecho a expresarse, si un solo ciudadano se ve arbitrariamente privado de libertad, si un solo ciudadano es discriminado por sus creencias o faltado en su honor, se ponen en marcha todos los mecanismos públicos necesarios para restituir su derecho y, en la medida de lo posible, resarcir el daño.

Los derechos económicos y sociales, sin embargo, no gozan de la misma protección social. Hay una ideología, individualizante, que entiende que la condición económica y social ha de ser fruto de la acción – y las circunstancias y puntos de partida- del individuo y, por tanto, no merecen esfuerzo común. Hay ideologías que consideran el estado, la nación, el pueblo como entes superiores, sujetos de derecho por encima de los individuos; los derechos de los individuos quedan supeditados a aquellos. Necesitamos una ideología de la dignidad: de todos y cada uno de los derechos para todos y cada uno de los individuos. Y necesitamos una praxis social, un sistema de lo común que lo garantice efectivamente. Si un solo ciudadano se ve privado de la posibilidad de ganarse su sustento, o de un techo o de ingresos que le permitan subsistir o de ser atendido en la enfermedad u otras situaciones discapacitantes, uno solo, el sistema público, el gobierno de lo común, la polis, estará fracasando.

Tal como empezaba diciendo, tenemos capacidad de producir lo que necesitamos (Hago un inciso. Si el razonamiento se sustenta en las necesidades, puede derribarse argumentando que es un concepto sin determinación, variable en función de épocas, culturas, lugares e incluso sujetos. Sin embargo, podemos establecer unas necesidades objetivas o intersubjetivas para un espacio y un tiempo, en función de los derechos que nos hemos autootorgado. Es cierto que derechos y necesidades están en permanente estado de creación y revisión -como, por otro lado, las verdades científicas-, pero eso no les resta actualidad, efectividad y vigencia ni para la argumentación teórica, ni, desde luego, para sustentar implicaciones prácticas.) y existe riqueza suficiente acumulada para implantar modos que permitan hacerlo.

Probablemente no sea necesario tanto inventar, como  aprender del laboratorio de la historia. Aplicar lo que sabemos que funciona y corregir lo que sabemos que nos conduce al fracaso, con la mirada puesta en el objetivo de todos los derechos para todos los individuos:

–  Un Estado fuerte que garantiza con servicios y prestaciones públicas los derechos de los ciudadanos y una red de dotaciones e infraestructuras facilitadoras de la creación de riqueza;

– Una regulación estricta de los sistemas de obtención de rentas para restringir y gravar las que se obtienen sin generar riqueza e incentivar cuando producen beneficios sociales;

– Y un mercado competitivo que permita aprovechar el incentivo del beneficio para mantener una economía innovadora, dinámica y creadora de bienes y servicios ampliadores del bienestar general.

Concretando:

* Se puede cerrar la enorme brecha de desigualdad mediante un sistema fiscal que establezca una profunda transferencia de riqueza desde quienes la acumulan improductivamente hacia el gasto público y social: sanidad, educación e investigación, seguridad social, dependencia; todos ellos sectores muy exigentes en mano de obra, por lo que, además de garantizar derechos, esa transferencia de riqueza distribuye capacidad de compra y aumenta la demanda. El margen para hacerlo es grande; en el caso de España especialmente, tanto por la gran desigualdad (penúltimo país de la UE-27 en el índice GINI. fuhem , 1 de mayo) como por la presión fiscal actual (en el 33% de PIB, frente al 44% de promedio de la UE-15  v. navarro)

* Se puede incentivar una transferencia de riqueza, para lo que hay igualmente un enorme margen, entre la acumulación improductiva y la implementación de proyectos productivos, mediante planes y pactos para reindustrializar, equilibrando la estructura productiva y generando empleo.

* Y se puede establecer una transferencia de riqueza hacia los excluidos tanto desde el beneficio del capital como desde rentas del trabajo mediante el reparto del tiempo de trabajo y el aumento del salario mínimo.

La enorme desigualdad : la madre de todos los males


Cada día estoy más convencido de lo que afirmo en el título y constantemente encuentro referencias que lo corroboran. Voy a referirme en esta ocasión a la desigualdad en la distribución de la riqueza, aunque toda desigualdad en el acceso o la posibilidad de ejercicio efectivo de derechos y libertades (por machismo, fanatismo, dogmatismo, egoismo tribal…) es igualmente malvado. Quiero que este sea el tema de mi primera entrada en este sitio. Podría traer a colación datos de pobreza, de malnutrición, de muertes provocadas por enfermedades cuya cura es relativamente sencilla y barata… Sería abrumador. Me ha parecido muy clara y con menos morbo la imagen con la que abro esta entrada. Una pirámide de la distribución de la riqueza en el mundo, que he sacado de “el blog salmón”Aquello que solíamos decir de que el 20% más rico acumula el 80% de la riqueza ha quedado ampliamente desfasado. Como se ve, y la fuente no es sospechosa de izquierdista ni de ONG perroflauta, el 80% de riqueza lo acumula el 8% de la población, aunque es en realidad el 1% y como afirma P.Krugman  el 0,01% de la punta de la pirámide no sólo el que más indecentemente acumula riqueza, sino el que más la hace crecer, por lo que la tendencia en los últimos 40 años ha sido la de incrementar las desigualdades.

Era mi intención referirme ahora a la enorme brecha existente en España, a su crecimiento incluso en tiempos de bonanza y gobierno socialista y a su enorme aceleración durante la crisis. Dicho queda, pero no profundizo en ello. Dejo un enlace a un estudio reciente del Consejo Económico y social

Lo que me interesa resaltar primero y ante todo es la profunda injusticia que supone, el dolor, el sufrimiento, las privaciones, la desesperación a que el sistema económico que rige el mundo somete a miles de millones de nuestros congéneres.

Pero además es estúpido. Creo que ya está claro para la teoría económica que la enorme desigualdad es la causa básica, la primera, la de fondo, de los desequilibrios y las crisis sistémicas. He aquí una cita en el último libro de J.Stiglitz: “Las sociedades sumamente desiguales no funcionan de forma eficiente, y sus economías no son ni estables ni sosteinbles a largo plazo.” Cuando hay un problema de demanda “trasladar dinero desde la parte de abajo a la de arriba reduce el consumo, porque los individuos con rentas más altas consumen un porcentaje menor de sus ingresos que los individuos con rentas más bajas”. El goteo liberal de arriba abajo es miserable y genera exclusión: no llega a todos. El goteo de abajo arriba, es decir dar riqueza a los de abajo es ante todo justo, pero además eficiente. Dejo enlazados dos artículos recientes que me han resultado muy claros, uno de Antón Costas y otro de Vicenç Navarro

Pero hay una buena noticia. Por mucho que quieran hacernos creer lo contrario, existen otras políticas económicas; es posible revertir esta situación. Otro mundo, justo y digno es posible.

(El libro al que me he referido es: STIGLITZ, J. El precio de la desigualdad. Madrid: Taurus, 2012.