Ya engordan los judiones en sus vainas

En el mes de diciembre, escribí una entrada en el blog que titulé “Una de judiones…”  dedicada al proyecto de la marca de garantía del judión de la Granja y en la que acababa diciendo:  “Si […] os llama la atención la idea, os sugiero que sigáis atentos al desarrollo del asunto. Hoy, la parte más visible del asunto es la media hectárea cultivada en la parcela detrás de la Casa del Pulimento: las guías de las plantas suben enredándose en sus varas, al tiempo que las flores germinadas van dando paso a prometedoras vainas.

 

 

Hemos construido una sociedad en la que triunfan los valores egoístas sobre  los cooperantes, los individuales sobre los comunes, los competitivos sobre los colaborativos. Como consecuencia, en el seno de una sociedad desarrollada y con posibilidad sobrada de generar recursos para satisfacer con creces las necesidades de todos, una parte muy significativa, que en el caso de los jóvenes llega al 50%, queda excluida del trabajo y, con ello, del acceso a ingresos propios, independencia, seguridad, proyectos de crecimiento, derechos económicos, en definitiva, dignidad. De lo que estamos hablando, o al menos de lo que a mi me interesa hablar en este proyecto, es  de la iniciativa conjunta de un grupo de ciudadanos y de una administración pública para posibilitar una alternativa de creación de riqueza y generación de trabajo.

Faltan algunos años aun para que veamos hasta que punto se cumplen las expectativas. No pretendo profetizar. Lo cierto es que el punto actual es decisivo para que podamos ver desarrollarse el potencial de la idea. La parcela a que me refería arriba, es el banco de semilla previsto para proveer a aquellos cultivadores que quieran adherirse a la marca de garantía “Judión de la Granja”.  La marca, de la que es titular el Ayuntamiento del Real Sitio, nace con una imagen consolidada, ya que el judión de la Granja, con tal denominación, es reconocido y demandado tanto en los comercios como, sobre todo, en los restaurantes. Esta es una ventaja comparativa nada desdeñable. Solo podrán denominar y vender como judiones de la Granja aquellos cultivadores, comerciantes o restauradores que se adhieran a la marca y a los controles garantes del cumplimiento de sus  requisitos. El primer paso es tener una buena producción de judiones con calidad para ser certificados como judión de La Granja. El objeto del banco de semillas es poder suministrar auténticos judiones, cultivados en La Granja y con las características idóneas verificadas por el Consorcio Agropecuario Provincial, a los agricultores que quieran producirlos. Con una demanda estimada de 25.000 Kg. solo en la Provincia de Segovia, que ha de ser creciente también fuera de ella en la medida en que la su promoción aumente, la pretensión es que cultivar judión sea una alternativa rentable y posibilitadora de empleo.

Es difícil competir con productos importados, fundamentalmente del continente americano. Esas legumbres, que acaban comercializándose como judión de La Granja, además de fraude al consumidor, implican incidencias negativas ambientales y sociales. No tenemos garantías sobre el modo en que han sido producidas; de lo que sí tenemos seguridad es de que han recorrido algunos miles de kilómetros y de que o los agricultores han sido infrapagados o los productos subvencionados, de modo que no es posible competir en precio. La marca de garantía supone una protección frente a ese “dumping” y, con ello, una oportunidad para quienes se decidan a intentar aprovecharla.

Una de judiones…. que no será la última

Voy a dedicar esta entrada a una iniciativa practica, a un proyecto real que, estoy seguro, va a generar unos cuantos puestos de trabajo, esto es, la oportunidad de  que unos cuantos conciudadanos se sitúen en condiciones de construir su refugio en la intemperie, de buscar su felicidad. Procuro rastrear en el laboratorio de la historia evidencias que aporten razón a mis razones. Espero que esta apuesta del judión acabe dándome la razón y me alegra enormemente su puesta en marcha.

judión de la Granja logo

Para empezar, estamos ante una iniciativa pública y social, promovida por un Ayuntamiento, el de mi pueblo, y un grupo de vecinos. Se trata, en pocas palabras, de aprovechar ventajas comparativas y recursos infrautilizados para crear riqueza y empleo. En concreto pretenden poner en cultivo y producir judiones en parcelas vacantes o de nueva roturación; impulsar la singularización del producto mediante una Marca de Garantía, gestionando la inclusión de productores, transformadores y comercializadores; envasar y quizá realizar elaboraciones y conservas; y comercializar aprovechando la imagen de calidad y el atractivo turístico consolidado del entorno. Tiene buena pinta, ¿verdad?. Dejo enlaces para acercarse con más profundidad al proyecto en su blog  o su facebook.

Las situaciones de dificultad cercanas vienen avivando mi interés por escudriñar las causas sociales, los mecanismos del sistema, que provocan tanto sufrimiento; e inevitablemente por imaginar creaciones para subvertir ese enorme fracaso colectivo. Desde hace ya algunos años vengo reclamando el impulso de iniciativas productivas, al menos desde que me resultó evidente el desequilibrio entre lo que generábamos y lo que demandábamos (un 10 % en 2007). Disponemos de capital humano sobradamente formado y con capacidad para reciclarse en el sentido que se necesite; vivimos en una parte del mundo suficientemente desarrollada, en infraestructuras, en acceso al conocimiento y la tecnología. Necesitamos impulso y financiación. Respecto del primero, y aun a riesgo de caer en pecado de heterodoxia, siempre he apuntado hacia las administraciones públicas. En cuanto a la financiación, la enorme brecha en el reparto de la riqueza facilita la posibilidad de buscar el capital donde lo hay, tanto con incentivos como con regulación, impuestos y lucha contra el fraude; y aun he señalado otra posibilidad: crear fórmulas para vincular a proyectos productivos el dinero disponible de ciudadanos dispuestos a invertirlo en esas acciones, sacándolo del mercado financiero, que hace de él un uso primordialmente especulativo. En ese esquema cabe un gran plan nacional liderado por el gobierno de la nación y pactado con los agentes sociales y cabe el pequeño proyecto local preferiblemente participado  por colectivos de vecinos y su Ayuntamiento.

Por el momento, este proyecto “judión de la Granja, marca de garantía”, se ha puesto en marcha y avanza, de la mano del Ayuntamiento del Real Sitio y con un grupo de vecinos implicados en él. Está fraguándose una asociación que, al parecer va a llamarse algo así como “Tutor del judión”, iniciativa de la que humildemente formo parte, que procurará dar soporte a la participación social en el proyecto. Tenemos el impulso, tenemos el recurso, tenemos capital humano, tenemos ventajas comparativas… y en cuanto a las necesidades de financiación habremos de ir buscando apoyos y las vías más adecuadas. Confieso que me encantaría poder comprobar que es posible la participación económica de una pequeña comunidad, como es un pueblo, en dar viabilidad a un proyecto que pueda ofrecer salidas laborales y vitales a algunos de sus vecinos. Yo, desde luego, estaría dispuesto a poner mi granito de arena. Si leyendo estas líneas os llama la atención la idea, os sugiero que sigáis atentos al desarrollo del asunto.

Hagamos que sea posible

Pongamos que tenemos potencial suficiente para producir todo lo que necesitamos. De hecho lo tenemos. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué infligir ese sufrimiento innecesario a tanta gente?…

Porque el mercado no produce para cubrir necesidades, sino demandas.

Si se reduce la capacidad de compra, se reduce el consumo, si se reduce el  consumo, baja la producción, a menor producción, menor necesidad de trabajo y menos empleos, con menos empresas y trabajadores se reduce la capacidad de compra … ¿Cómo salimos?

Esto, que parece un círculo vicioso, es más bien una espiral; una espiral que se cierra progresivamente y que, en el caso de España, no acaba de estrangularse por el aumento de las exportaciones, ligadas a una depreciación interna centrada en la disminución de salarios. La ventaja de visualizar la situación como espiral y no como círculo es que en el análisis se puede buscar el origen, la causa, el punto de inicio.

Según el planteamiento señalado, parece que el origen está en la disminución de demanda. ¿Por qué partiendo de una situación de creación de riqueza en máximos (El PIB de 2008 en España fue el mayor de su historia) y una población creciente en número y necesidades, cae la demanda? Indudablemente por la desigualdad en la distribución de la riqueza, profundizada en los años de bonanza, y por el desequilibrio en la estructura de la producción, fruto igualmente de la desigual distribución de la riqueza, ya que la acumulación hace que el gasto se concentre en actividades especulativas, en el caso de España especialmente la inmobiliaria.

La enorme desigualdad, he ahí el origen y la clave.  Durante al menos dos décadas se ha sostenido el consumo y el empleo mediante el endeudamiento. Es en el análisis de la enorme masa de capital gestionada por los mercados financieros, su ingeniería, la desregulación y, en el caso europeo, los desequilibrios internos en la zona euro y la falta de mecanismos comunes donde se suele situar el origen. Es cierto, pero lo que alimenta ese monstruo financiero es la desigualdad. Es, sin duda, la causa de la causa y, por tanto, como sostiene el aforismo jurídico, la causa del mal causado.

Las consecuencias son intolerables: millones de personas (sólo en España) quedan excluidas de algunos de los derechos básicos de los que hemos determinado dotarnos como sociedad y que hemos declarado universales, porque de ellos depende la dignidad de cada individuo: el trabajo, la vivienda, ingresos suficientes para la alimentación, el vestido, la movilidad, la salud, la atención en situaciones de desprotección como la infancia, la enfermedad, la discapacidad, la senectud…

Si un solo ciudadano considera vulnerado su derecho a expresarse, si un solo ciudadano se ve arbitrariamente privado de libertad, si un solo ciudadano es discriminado por sus creencias o faltado en su honor, se ponen en marcha todos los mecanismos públicos necesarios para restituir su derecho y, en la medida de lo posible, resarcir el daño.

Los derechos económicos y sociales, sin embargo, no gozan de la misma protección social. Hay una ideología, individualizante, que entiende que la condición económica y social ha de ser fruto de la acción – y las circunstancias y puntos de partida- del individuo y, por tanto, no merecen esfuerzo común. Hay ideologías que consideran el estado, la nación, el pueblo como entes superiores, sujetos de derecho por encima de los individuos; los derechos de los individuos quedan supeditados a aquellos. Necesitamos una ideología de la dignidad: de todos y cada uno de los derechos para todos y cada uno de los individuos. Y necesitamos una praxis social, un sistema de lo común que lo garantice efectivamente. Si un solo ciudadano se ve privado de la posibilidad de ganarse su sustento, o de un techo o de ingresos que le permitan subsistir o de ser atendido en la enfermedad u otras situaciones discapacitantes, uno solo, el sistema público, el gobierno de lo común, la polis, estará fracasando.

Tal como empezaba diciendo, tenemos capacidad de producir lo que necesitamos (Hago un inciso. Si el razonamiento se sustenta en las necesidades, puede derribarse argumentando que es un concepto sin determinación, variable en función de épocas, culturas, lugares e incluso sujetos. Sin embargo, podemos establecer unas necesidades objetivas o intersubjetivas para un espacio y un tiempo, en función de los derechos que nos hemos autootorgado. Es cierto que derechos y necesidades están en permanente estado de creación y revisión -como, por otro lado, las verdades científicas-, pero eso no les resta actualidad, efectividad y vigencia ni para la argumentación teórica, ni, desde luego, para sustentar implicaciones prácticas.) y existe riqueza suficiente acumulada para implantar modos que permitan hacerlo.

Probablemente no sea necesario tanto inventar, como  aprender del laboratorio de la historia. Aplicar lo que sabemos que funciona y corregir lo que sabemos que nos conduce al fracaso, con la mirada puesta en el objetivo de todos los derechos para todos los individuos:

–  Un Estado fuerte que garantiza con servicios y prestaciones públicas los derechos de los ciudadanos y una red de dotaciones e infraestructuras facilitadoras de la creación de riqueza;

– Una regulación estricta de los sistemas de obtención de rentas para restringir y gravar las que se obtienen sin generar riqueza e incentivar cuando producen beneficios sociales;

– Y un mercado competitivo que permita aprovechar el incentivo del beneficio para mantener una economía innovadora, dinámica y creadora de bienes y servicios ampliadores del bienestar general.

Concretando:

* Se puede cerrar la enorme brecha de desigualdad mediante un sistema fiscal que establezca una profunda transferencia de riqueza desde quienes la acumulan improductivamente hacia el gasto público y social: sanidad, educación e investigación, seguridad social, dependencia; todos ellos sectores muy exigentes en mano de obra, por lo que, además de garantizar derechos, esa transferencia de riqueza distribuye capacidad de compra y aumenta la demanda. El margen para hacerlo es grande; en el caso de España especialmente, tanto por la gran desigualdad (penúltimo país de la UE-27 en el índice GINI. fuhem , 1 de mayo) como por la presión fiscal actual (en el 33% de PIB, frente al 44% de promedio de la UE-15  v. navarro)

* Se puede incentivar una transferencia de riqueza, para lo que hay igualmente un enorme margen, entre la acumulación improductiva y la implementación de proyectos productivos, mediante planes y pactos para reindustrializar, equilibrando la estructura productiva y generando empleo.

* Y se puede establecer una transferencia de riqueza hacia los excluidos tanto desde el beneficio del capital como desde rentas del trabajo mediante el reparto del tiempo de trabajo y el aumento del salario mínimo.

¿Por qué no repartir el trabajo?

Dediqué mi primera entrada a poner el punto de mira sobre la desigual distribución de la riqueza y concluía afirmando que la situación de injusticia se puede revertir, que otras políticas son posibles. Mirando la pirámide con que ilustraba ese post la solución salta a la vista: transferir la riqueza que acumula el piquito superior a quienes ocupan la inmensa base de los desfavorecidos. Espero poder ir plasmando o enlazando algunas ideas al respecto. Empiezo, no obstante con una que toca poco o nada a esa minoría de los ultrarricos, cuya acumulación – no me voy a cansar de decirlo – es injusta, antiética, aberrante, indecente y un dramático fracaso de nuestra construcción social. Quería hablar de una idea que implica la solidaridad de quienes tenemos un trabajo hacia quienes no lo tienen, una idea que estuvo y está en todos los manifiestos y reivindicaciones de los movimientos alternativos, que es inmediatamente aplicable desde la determinación política: el reparto del trabajo. La propuesta se concretaría en reducción, en principio generalizada (aunque pueden establecerse matices), de la jornada laboral, incentivo al trabajo a tiempo parcial, jornadas de 6 horas en trabajo a turnos.

a. De modo ideal, si en un momento dado en una semana laboral, el total de la producción requiere un total de Y horas de trabajo y la población activa suma N trabajadores, el número de horas que ha de trabajar cada uno es el cociente de ambas, Y/N. La mayor productividad o la mecanización no deben suponer perdida de empleos, aumento de excluidos e incremento de beneficio, sino reducción de horas de trabajo y por tanto distribución de la riqueza.descarga

b. Existen, variables que condicionan esa cuenta ideal, como que en determinados tipos de empleos acortar la jornada de un trabajador y repartir sus cometidos resta productividad. No es menos cierto, sin embargo que en otro tipo de empleos una jornada menor conllevaría más productividad por menor agotamiento y disminución de los accidentes laborales. Pero sobre todo existe la reticencia del empleador que prefiere prolongar el tiempo de trabajo y la intensidad más que aumentar el número de trabajadores porque considera los costes sociales mayores (sobre todo si escamotea parte de las horas). Ahora bien, esta propuesta, como  parte de un plan global, preferiblemente pactado en que el empleador , defiende que, con carácter general, la “cuenta del pleno empleo” debe ser un punto de referencia.

c. La experiencia y los modelos nos dicen que para crear un porcentaje de empleo es necesario hacer crecer el PIB al menos de dicho porcentaje, esto obligaría a hacer crecer la producción de riqueza en cantidad manifiestamente insostenible: explotación de recursos, generación de residuos, contaminación, etc.

d. El retorno a la normalidad económica debe implicar aumento de productividad y mejora tecnológica, lo que aumentaría, a jornadas laborales constantes, el desempleo estructural. Desde el punto de vista del empleo, la “revolución tecnológica” de la información y la comunicación, la 3ª revolución, tiene de peculiar frente a las dos anteriores  (agrícola e industrial) que no existe un nuevo sector significativo al que pueda desplazarse la mano de obra (Rifkin, J, El fin del trabajo. México,Paidós, I996). La Historia de la civilización supone una progresiva automatización de procesos; ello y el incremento de la esperanza de vida debería permitir una drástica disminución del gasto en inversión (nutrición y reproducción requerían el 100% de la energía y el tiempo de nuestros antepasados) y un aumento del gasto en mantenimiento, en vivir, en felicidad (Punset, E. El viaje a la felicidad. Barcelona, Destino 2005). Si la riqueza generada en procesos automatizados se acumula en lugar de repartirse, lejos de ser fuente de tiempo y felicidad lo será de desigualdad e inseguridad.